1943: Barcelona ya tenía taxis eléctricos con baterías intercambiables

25 de junio de 2026

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Hoy hablamos de movilidad eléctrica como si fuera una revolución recién estrenada. Puntos de recarga, autonomía, baterías, hidrógeno y nuevos modelos urbanos ocupan titulares y conversaciones.

Pero la historia del automóvil suele tener una memoria más larga de lo que parece. Muchas ideas que hoy presentamos como futuristas ya tuvieron una primera vida décadas atrás.

Una de esas historias ocurrió en Barcelona.

En 1943, la ciudad llegó a contar con una flota de taxis eléctricos que utilizaba un sistema muy reconocible para cualquier lector actual: baterías intercambiables. Es decir, en lugar de inmovilizar el vehículo durante horas para recargarlo, se sustituía la batería descargada por otra ya preparada para seguir trabajando.

Una solución práctica, urbana y sorprendentemente actual.

El coche eléctrico no nació ayer

El automóvil eléctrico es casi tan antiguo como el propio automóvil. En sus primeros años, incluso resultaba más atractivo en algunos aspectos que los vehículos de combustión: era más silencioso, generaba menos vibraciones y contaba con una mecánica más sencilla.

Esa simplicidad tenía una ventaja evidente para el uso diario: menos piezas críticas y, por tanto, menos averías potenciales.

Conviene recordar que los coches de combustión de aquella época no eran tan cómodos ni tan refinados como los actuales. Arrancarlos y conducirlos exigía más atención, más fuerza y más tolerancia al ruido.

Por eso, durante un tiempo, el vehículo eléctrico no fue una rareza marginal. Fue una alternativa seria para ciertos usos urbanos.

La gran barrera: cargar y seguir circulando

Con el avance técnico, los motores de combustión fueron ganando terreno. La evolución del rendimiento, la expansión del combustible y mejoras como el motor de arranque hicieron que los vehículos térmicos resultaran cada vez más prácticos.

Mientras tanto, los eléctricos arrastraban dos grandes retos que todavía hoy nos resultan familiares:

  • Cuánta autonomía pueden ofrecer.
  • Cuánto tiempo necesitan para volver a estar listos.

Ahí es donde la experiencia barcelonesa de 1943 se vuelve especialmente interesante.

La solución no pasaba por esperar junto a un punto de recarga, sino por tratar la batería como una pieza sustituible dentro de una pequeña cadena de servicio. El taxi llegaba, se retiraba la batería descargada y se montaba otra cargada.

El objetivo era claro: devolver el vehículo a la calle lo antes posible.

Así funcionaba el cambio de batería

El sistema era directo y muy físico.

Tres operarios se ayudaban de una pequeña grúa para desmontar el frontal del taxi, extraer la batería que estaba a punto de agotarse y colocar en su lugar otra completamente cargada.

Una vez terminada la operación, el vehículo podía continuar prestando servicio sin perder horas en una recarga convencional.

Vista desde hoy, la escena resulta muy llamativa: un taxi eléctrico, una batería pesada, un pequeño equipo de trabajo y una operación pensada para ganar tiempo.

No era una promesa de laboratorio ni una presentación de futuro. Era una respuesta práctica a una necesidad muy concreta del servicio urbano: mantener los vehículos operativos.

Baterías intercambiables: una idea antigua con una lectura muy actual

La historia de aquellos taxis eléctricos en Barcelona deja dos lecciones muy interesantes.

La primera es que la innovación rara vez avanza en línea recta.

A veces una tecnología aparece, funciona en un contexto determinado, queda eclipsada por otra solución y décadas después vuelve a cobrar sentido gracias a nuevas necesidades, nuevos materiales o nuevos modelos de movilidad.

La segunda es que la movilidad eléctrica no depende solo del vehículo.

También necesita infraestructura, organización y procesos. En este caso, el valor no estaba únicamente en que el taxi fuera eléctrico, sino en todo el sistema que permitía mantenerlo operativo:

  • Baterías cargadas.
  • Personal preparado.
  • Equipos adecuados.
  • Una operación rápida de sustitución.
  • Una lógica de servicio pensada para minimizar tiempos de parada.

Y aquí es donde esta historia conecta directamente con el presente.

Hoy, cuando hablamos de electrificación, autonomía o carga rápida, muchas veces ponemos todo el foco en la tecnología del vehículo. Pero la verdadera transformación también está en todo lo que lo rodea: talleres, puntos de carga, mantenimiento, logística, planificación y capacidad de respuesta.

Barcelona, 1943: cuando el futuro ya había empezado

La próxima vez que escuches hablar de baterías intercambiables, merece la pena recordar esta escena: Barcelona, taxis eléctricos alineados y un equipo listo para devolverlos al servicio en pocos minutos.

Aquello no era ciencia ficción.

Era una solución de movilidad urbana que ya intentaba resolver una de las grandes preguntas del coche eléctrico: cómo cargar menos tiempo y circular más.

En Romu nos gusta mirar la automoción desde esa perspectiva: no solo como una evolución de motores, carrocerías o vehículos, sino como una historia de soluciones prácticas.

Porque muchas veces, la innovación no consiste en inventarlo todo desde cero.

A veces consiste en recuperar una buena idea, adaptarla al presente y hacerla funcionar mejor.

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